Si caminas por la calle observando un poco lo que hay en ella, te darás cuenta de las cosas tan increíbles que esconden cada uno de los rincones de la acera por la que pisas. La visión que tenemos en directo de las cosas es mucho más importante que la que percibimos en la televisión que generalmente, siempre se acerca más a un "show" que a una realidad.

Me dispongo a comenzar un nuevo día por las, a veces solitarias y tristes calles de Madrid, observo con detenimiento a la gente que pasa a mi lado, que se dirige a coger el autobús, el metro, a comprar el pan o a tomar un café a la cafetería de al lado.

Pero hoy ha sido distinto, mientras caminaba por la calle, una acera muy transitada por Madrid, mis ojos se toparon con una mirada llena de miedos y sueños rotos, una visión que me conducía hasta lugares inundados de tristeza e incomprensión, en donde no había espacio para la ilusión ni la emoción. Me quedé mirándola, sin decir nada, intentando leer su alma que parecía estar envuelta por una capa oscura y opaca que no dejaba que su espíritu volase, se escapase de ese terror que pude leer en sus ojos. Unas pupilas grandes, negras y llenas de inocencia, a pesar de su dura vida, a pesar de su cuerpo castigado y confundido, a pesar de tan sólo poseer ocho años... Como si un aire frío de angustia me invadiese el cuerpo, no pude moverme, mis piernas no respondían al ver aquella escena, en dónde las hojas de los árboles que caían por el frío invierno, no tenían color, en donde nada era lo que parecía... Mis manos comenzaron a temblar al igual que mis ojos...

Al verme, ella se levantó de su humilde morada, construida con frágiles cartones y muñecos de miseria, me ofreció su dulce mano, en donde se dibujaban pinceladas de arrugas hechas a carboncillo debido a su corta pero intensa vida. Extendió su brazo y mis manos tocaron las suyas y pude sentir el frío tacto que posee la pobreza, que tiene la soledad por algunas calles madrileñas tintadas de negro y desesperación... Una niña, con tez blanca, transparente como el hielo de las montañas, como el alma que renace de las cenizas del mal... Una princesa dueña de las noches más solitarias, del olor al vino rancio de sus compañeros de viaje, reina de la extrema oscuridad acompañada por lagunas negras construidas de miedo...